Al igual que hice con
Factor-X en su momento al terminar la colección, me gustaría dar un repaso ahora a
Excalibur, ya que hace una temporadita que he terminado su lectura.
La primera colección de
Excalibur surge allá por agosto del año
1988 y viene precedida por un
Prestigio en el que se plantea la formación de este nuevo grupo superheroico con base en
Europa.

Desde la
Marvel rondaba hacía tiempo la idea de crear una sección mutante que desarrollase sus aventuras en el viejo continente, lógicamente en
Inglaterra, lo cual era compartido por el guionista mutante por excelencia,
Claremont.
De ahí, y retomando a una serie de personajes que habían quedado descolgados del grupo principal de
Hombres-X tras los acontecimientos de la
Masacre Mutante ( Kitty, Rondador) y otros desaparecidos desde hacía un tiempo (
Raquel Summers), estos, junto con el
Capitán Britania y su compañera
Meggan, se alían para mantener los valores de la presuntamente muerta
Patrulla-X durante
La Caida de los Mutantes.
Los encargados del proyecto son el propio
Claremont y el grandísimo
Davis.
Claremont, desde el principio, pretende que la colección tenga un tono
distinto a la habitual pesadumbre que caracteriza sus guiones, una via de escape para su vertiente más amena, así como menos interacción con el resto de sus compañeros de títulos X.
Davis, por su parte, aporta como siempre una calidad indiscutible no solo en el apartado del dibujo, ya que habría que discutir mucho hasta que punto los guiones de
Claremont, que a mi entender nunca le cogió el pulso a su propia idea, se vieron reforzados, para tener un calidad digna, por
Davis durante la etapa que el patriarca mutante guionizó.
Esta teoría se ve confirmada cuando, más adelante, el dibujante inglés tome las riendas de la serie construyendo su mejor y más brillante etapa en todos los sentidos.
Pero vayamos paso a paso.
Desde el principio la serie tiene ese caracter distinto al del resto de sus hermanas y comienza muy
esperanzadoramente.

Se recuperan gran cantidad de personajes de la colección del
Capitan Britania en su época de los dos
Alan, Davis y Moore, que suponen un aire fresco y divertido en un ambiente por aquel entonces totalmente pesimista y oscurecido.
También la tónica de no interrelación con el resto de colecciones se cumple en esos inicios, siendo testimonial su participación en la macro saga
Inferno.
Comienza en aquellos primeros números, una de las sagas mas largas y disparatadas que yo recuerdo en todos los comics de superhéroes que haya leido hasta ahora: La
Saga de las Dimensiones Alternativas, que si no recuerdo mal llegó a tener hasta 14 episodios.
El duo inicial de artistas se mantiene hasta el número
17 con apenas un par de interrupciones.
A partir del siguiente
Alan Davis deja de ser el dibujante regular de la serie, lo cual
se nota al instante en la calidad de la misma, y no solo en el apartado artístico, de ahí lo que decía antes de que sería dificil desentrañar hasta que punto simplemente
Davis plasmaba los argumentos de
Claremont o aportaba su iniciativa.
El guionista se mantiene, todavía hasta el número
34, con algunas excepciones, y comienza el baile de dibujantes tan característico en la serie, por poner un ejemplo: en los números que van del
24 al
32 hay
8 dibujantes distintos.
Si unimos esto a que la colección empieza a convertirse en una recopilación de
fillins sin pies ni cabeza, podemos tener una idea de la deriva sobre la idea original.
Finalmente
Claremont lo deja sin haber conseguido, salvo quizá en la primera etapa con
Davis, sus propósitos de un principio.
Su sustituto hasta el número 41 es un prometedor y joven guionista llamado
Scott Lobdell, que luego meteria mano al resto de las colecciones de la franquicia mutante.
Desarrollando sus historias en la insustancialidad que era la tónica desde la marcha de
Davis, su paso en esta primera etapa es meramente anecdótico, aunque volvería más adelante. Y es que ya sabeis que de aquella Scott era todo un
revolucionario entre los nuevos creadores (sihg...).
Pero cuidado, que las cosas cambian radicalemente en el número
42.
Lobdell es sustituido por, ahí es nada,
Alan Davis, que en esta segunda època en la colección se encarga tanto de los guiones como del dibujo.
Davis
traza un rumbo, da un objetivo y una razón de existir a unos personajes que iban acumulando años sin aportar nada ni al universo marvel ni a su propia historia.
Se resuelven situaciones de manera
sorprendente, las cosas empiezan a tener explicación, se retoman lineas argumentales que incluso los propios lectores habíamos olvidado o ignorado....
Todo, parece tener un sentido: desde la desaparición de un niño ¡¡¡ en el número 1 de la colección!!! hasta la largúisima saga de las Dimensiones Alternativas.
Aparecen nuevos personajes:
Kylun, Cereza, Feron.. y se producen interacciones entre los mismos que hacen variar su status.
El gran mérito de
Davis pera retomar algo que parecía totalmente descarrilado es indiscutible.
Es una etapa pura
"estilo Alan Davis", osea, resolución de tramas olvidadas de la forma más sorprendente para el lector, atando las cosas y dando giros que crean otras nuevas.
Y, evidentemente, la parte artística va en sintonía con todo esto. Y no, no soy neutral, lo habeis adivinado:
ADORO A DAVIS. ¿Se me nota, no?.
Resuelve ¡¡¡ por fin !!! los cabos sueltos de
Rachel y la
Fuerza Fenix, así como su estancia en la Tienda de Cuerpos de Mojo de una forma coherente y verosimil, para satisfacción de los lectores (al menos yo) pero parece que no tanto de
Marvel.
Y es que a la editorial no le gusta que se dejen las cosas tan claras y quiere también que la colección pase a integrarse totalmente con el resto de sus hermanas, con lo cual el inglés parece no estar muy de acuerdo.
Así que la cosa termina como tenía que terminar en estos casos: con Davis
dejando la colección que, si, otra vez, cambia de rumbo para peor.
¿Y a quién nos encontramos como rector de su destino?. Pues ni mas ni menos que al ínclito guionista revolucionario
Scott Lobdell.

Estamos ya a la altura del número
68 y Lobdell se mantiene hasta el
82, volvíendo a la tónica de historias insustanciales, aunque con la aparición de personajes del resto del universo mutante, pero que apenas aportan nada otra vez.
Lo mismo con los dibujantes:
baile continuo de nombres que resulta dificil citar alguno que dure más de 3 ó 4 números plasmando la absurda e inexplicada transformación del
Capitán Britania o la recuperación de personajes como
Doug Ramsey o Warlock de los Nuevos Mutantes fusionados ahora en un ente denominado
Douglock en un alarde de originalidad (sin comentarios).
Es en el 83 donde
Warren Ellis empieza a escribir los guiones, entrando a formar parte del grupo personajes como
Coloso, Loba Venenosa o Peter Wisdom, que , sobre todo el último, por su relación con la joven
Kitty Pryde, llegan a tener bastante interés.
Así mismo
Moira McTaggert se convierte en habitual de la colección, debido a que estos toman como base de sus operaciones la
Isla Muir.
El dibujante español
Carlos Pacheco, en medio otra vez de ese baile de autores como característica constante, se encarga de la ilustración de cuatro comics, los números 95, 96, 98 y 103, haciendo un cambio de look a
Rondador Nocturno muy interesante y atractivo, teniendo en cuenta que hablamos de un personaje que llevaba desde los años 70 luciendo el mismo aspecto.
Casey Jones es el más habitual a los lápices del periodo
Ellis, que dura hasta el número
103.
Aunque
Ellis no recupera la magia de Davis en su etapa, por lo menos aporta continuidad en los argumentos, totalmente imbricados ya con el resto de devenires mutantes, y desarrolla lineas propias dentro de la colección, como la creación de la sección del
Club Fuego Infernal con sede en
Londres.

Otra aportación del autor es la creación de un sentimiento antimuntante en
Gran Bretaña, y por extensión en el resto de
Europa, territorios no tan acostumbrados a que transcurran en su seno las peripecias de seres superheroicos, una idea que podía tener muchas posibilidades, pero que, aunque de vez en cuando se plantea, no se explota apenas en profundidad.
Ellis deja paso a
Ben Raab en el número 106 de una colección ya herida de muerte desde hacía tiempo y que estaba en el punto de mira de la
Marvel como una de las cancelables.
Son los finales de los 90, època de
crisis del coloso americano, y una colección que no había terminado de ganarse el favor de un público que cada vez seleccionaba más sus gustos estaba abocada a ese destino.
Pero
Raab y Excalibur prolongan su vida un año y medio más, hasta el
125, en el que la serie se da por liquidada, con un portada que lo dice todo y que realiza, como no podía ser de otra forma,
Alan Davis.
Ni en sus estertores finales consiguió mantener a un dibujante regular esta serie, pero, por hacer patria, citaremos que
Salvador Larroca fué el encargado de los números que van del 107 al 110.
Se cierran algunas lineas argumentales en este final, lamentablemente una de ellas es la relación
Wisdom-Pryde, considerada demasiado incorrecta, por la diferencia de edad entre ambos, para un personaje cuyo destino, junto con
Coloso y Rondador Nocturno, era regresar a las páginas que los habían visto nacer y de las que llevaban diez años ausentes.
El resto de protagonistas principales pasaron al
limbo al menos temporalmente, y serían luego recuperados poco a poco.
Resumiendo todo esto, y como ya habreis visto, aunque la idea de
Excalibur era de lo más atractiva da la impresión de que
Marvel nunca apostó demasiado por ella, lo que justifica los constantes bandazos y cambios de rumbo, con los cuales era dificil que el lector la considerase una colección de referencia.

Quizá esto trató de paliarse con la mayor participación en los acontecimientos generales del
Universo Marvel y la aparición de personajes del mismo o nuevas incorporaciones al super grupo británico, pero tampoco cuajó esa espectativa.
Solo
Claremont y Davis en los primeros números formando tandem y luego, sobre todo, este último en su etapa en solitario como encargado de todos los aspectos creativos,
consiguieron algo interesante que mantuviese la atención del público lector.
Y quizá
Ellis, en su etapa pre-final, consiguió innovar alguna situación, aunque en mucha menor medida.
Por mi parte, y entre laguna y laguna, le cogí cariño a
Excalibur, pese a que a veces las lagunas se convertían en verdaderas fosos marinas.
Excalibur ha reaparecido, volviendo
Claremont a guionizarla pero... eso ya es
otra historia.Pdta: Simultaneamente, en una de esas confluencias de ideas que solo se dan entre los grandes genios al producirse un descubrimiento importante, Pedro, en
Un Tebeo con otro nombre habla de la edición española de Excalibur y sus "suculentos" complementos. Así que ya estais tardando en daros una vuelta por allí para tener la visión completa del tema.