Superhéroes de verdad: los Liquidadores de Chernobyl
Ayer, 26 de Abril, se cumplieron 30 años de una de las mayores catástrofes de la historia de la humanidad, de la cual todavía a día de hoy, desconocemos sus consecuencias en un futuro a medio y largo plazo.
Hablo, como os habreis cansado de oir en todos los medios de comunicación durante esta semana, de el fatídico accidente en la central nuclear de Chernobyl, en Ucrania.
En esta estupenda página podreis encontrar una detallada descripción, minuto a minuto, de la secuencia de acontecimientos.

Una lectura que os aconsejo, para darse cuenta, aunque seguro que la mayoría ya lo sabeis, de las proporciones del mismo.
Pero de lo que yo quiero hablaros es de una de las facetas de esta tragedia, en concreto, la referente a aquellas personas que trataron de paliar los efectos de la extensión de los materiales radiactivos que fueron despedidos a raiz de la explosión que reventó la central nuclear ucraniana.
Desde niño, en el mismo momento que ocurrieron esos sucesos, el nombre dado a esas personas se me quedó grabado para siempre.
Esas personas fueron denominadas con el estremecedor ( y atractivo, no lo neguemos) nombre de LIQUIDADORES.
Los Liquidadores de Chernobyl fueron los encargados, a costa de sus propias vidas, de neutralizar en la medida de lo posible las consecuencias de una explosión atómica de proporciones 200 veces a las bombas de Hiroshima y Nagasaki juntas.
Estas personas, soldados, mineros, obreros de la construcción o simples funcionarios, realizaron trabajos en condiciones de exposición radiólogica extrema.
Y, en la mayoría de las ocasiones, sin tener conocimiento del peligro al que se sometían, dado el caracter del regimen totalitario de la URSS.
Sin embargo, a día de hoy, colectivos que agrupan a los Liquidadores supervivientes, muestran su orgullo por haber realizado, aunque la mayoría en ese instante no lo sabían, una tarea colosal y heroica que, a pesar de llevarse sus vidas, sin duda ha salvado y sigue salvando muchas otras, sobre todo futuras.
Esa fascinación por los Liquidadores no me ha abandonado nunca.

Personas que sabían, a ciencia cierta, que iban a morir por realizar un trabajo y que, así y todo, lo realizaban.
Quizá a algunos de vosotros os suenen las imágenes de lo que voy a describiros (lástima no haber encontrado alguna por internet), que ayer recordé en un excelente documental emitido por Discovery Channel.
Despues de la explosión, y con la inteción de sellar el reactor nuclear que seguía emitiendo ( y lo sigue haciendo) dosis extremas de radiación, se construyó el famoso Sarcófago.
Durante las tareas previas a la construcción de esta estructura se detectó que, en lo que quedaba del tejado de la central, había restos esparcidos de las barras de grafito y restos de combustible nuclear, arrojadas allí por las colosales proporciones de la explosión que destrozó todo el edificio.
Estos materiales debían de ser arrojados, desde aquel tejado, al interior de lo que en su momento era el nucleo del reactor.
Para esta tarea, al principio, trataron de emplearse medios mecánicos, como robots teledirigidos.
Pero la cantidad de radiación era tal que dichos robots, al poco tiempo de funcionamiento en esas condiciones, terminaban por estropearse, pues sus circuitos se veían afectados y dañados por la exposición.
Obviamente, el trabajo debía de ser hecho por operarios humanos.
Estos operarios, denominados BIOROBOTS, trabajaron durante una semana arrojando aquellos desechos desde lo que quedaba del tejado.

En periodos máximos de dos minutos (cuando 45 segundos ya suponían una dosis letal de radiaciones) más de 3000 personas, sobre todo soldados, realizaron la mortal tarea.
"Protegidos" con corazas improvisadas de plomo, que los semejaban a guerreros medievales, y que pesaban unos 30 kg, cada grupo de Biorobots salía a la azotea y arrojaba uno o dos bloques o paladas de restos contaminados al fondo del reactor.
A día de hoy, el 50% de ese grupo particular de Liquidadores, ha fallecido y, el resto, presentan en casi la totalidad de los casos, daños irreversibles.
Ese grupo de personas, junto con los pilotos de los helicópteros (fallecidos todos a los pocos dias) que sobrevolaron el nucleo en los instantes posteriores a la explosión para arrojar diversos materiales para detener la fisión del nucleo y su incendio son dos de los actos humanos que más me han sobrecogido.
Vaya pues mi recuerdo y homenaje a los Liquidadores de Chernobyl.
Y es que, en una accidente nuclear, uno no suele convertirse en un coloso verde, mal que nos pese.